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Foto: Efe |La censura de la que no se habla
Estados Unidos: ¿el “país de la libertad”?

Washington ha sabido explotar como pocos el concepto de “libertad”. Sin embargo, una protesta pacífica puede terminar en arresto por “escándalo publico” en la “tierra de las libertades”.

La libertad. La estatua de la libertad en la isla de la libertad. La guerra en pos de la liberación de los pueblos oprimidos. Los hombres libres en la tierra de la libertad que proclama el himno nacional. Estados Unidos ha sabido explotar como pocos ese discurso, en un contexto social donde todavía miles de personas piensan a es país como cuna de ese germen llamado el “sueño americano”, que tiene un patrón genético difícil de definir, pero que bien se han encargado sus progenitores de darle ese aspecto mesiánico que ha servido desde sus inicios al propósito imperialista.

Siguiendo la máxima “Goebbeliana” pero aplicándola con su doctrina hollywoodense, Estados Unidos pretende sostener esa marca identificatoria autoproclamada a cualquier precio. Sin embargo, en estos últimos tiempos, la irreverencia del aparato político estadounidense con su presidente George W. Bush a la cabeza ha vuelto cada vez más evidente la pantomima de la libertad.

La invasión a Irak ha sentado la destrucción y humillación más degradante de la humanidad de los últimos tiempos, paradójicamente en el lugar donde se gestaron las primeras raíces de la civilización. Hasta aquí, esto parecía afectar solo a los damnificados directos, el pueblo iraquí. Pero de manera lenta y paulatina comenzaron a alzarse voces en contra del martirio de la guerra en el propio suelo estadounidense. Y esas voces ya no hablaban de los iraquíes que padecían la guerra sino de los propios ciudadanos estadounidenses sufriendo el impulso belicoso, mitad faraónico, mitad infantil, de la administración Bush.

Primero comenzó con el ataque a las Torres Gemelas. Diferentes investigaciones periodísticas, denuncias de testigos del hecho y fuentes técnicas y científicas han aportado pruebas de que el gobierno de Bush estaría detrás de los atentados. Luego prosiguió con la propia invasión a Irak y sus consecuencias, ya no en los pobladores del país agredido –ya no se discute le hecho de que jamás se encontraron armas de destrucción masiva– sino en los propios ciudadanos de Estados Unidos. Miles de marines han muerto en combate por una guerra de intereses corporativos. Otros tantos han sufrido las atrocidades de la guerra y no han recibido el apoyo psicológico ni económico por su participación en el conflicto.

Muchos de los propios estadounidenses se hartaron del desastre y comenzaron a demostrarlo. Pero para su sorpresa, en la tierra de la libertad, nada es como se ve en las películas, o mejor dicho, en sus películas.

Cindy Sheehan, madre de Casey, un soldado estadounidenses fallecido en Irak en abril del 2004, es una de las personas que más seguidores ha atraído estos últimos años a la lucha por el fin de la guerra y el enjuiciamiento político del presidente Bush y el vicepresidente Dick Cheaney. Días atrás, distintos medios del mundo afirmaron que Sheehan había sido arrestada en el Capitolio por “escándalo público”, luego de anunciar que se presentaría a elecciones como rival de la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, a menos que ésta inicie el proceso de juicio político pedido contra Bush y Cheaney.

En la mayoría de los medios se hizo eco del arresto de la pacifista y de los motivos por el cual fue arrestada. Pero bien cabría preguntarse las condiciones y el verdadero contexto por el cual fue privada de su libertad.

Si la tan mentada libertad es un valor fundamental en aquel país, cómo es posible que con tan poco Sheehan fuera privada de ella. Por otro lado, una protesta es un principio elemental en los tan mentados valores de la democracia y la libertad. Desde ya que la acusación de “escándalo público” no amerita seriedad alguna. ¿Cómo pudo suceder que se disuelva de manera brusca y repentina ese acto de protesta, que se presentan cada vez con mayor frecuencia y volumen?

Su misión en contra de la guerra comenzó luego de la muerte de su hijo en Irak. En agosto de 2005 atrajo la atención mundial al montar una tienda de campaña próxima a la residencia vacacional de Bush en Texas, para denunciar las atrocidades de la guerra, que a esa altura ya se había cobrado la vida de muchos jóvenes soldados como el hijo de Cindy.

A partir de allí, su activismo no cesó. Realizó marchas frente al Congreso de Washington, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y diferentes ciudades de Estados Unidos. En muchas de ellas había ya había sido arrestada o reprimida por “escandalizar” al público. Sheehan también se reunió el presidente venezolano Hugo Chávez, al cual apoyo en su resistencia al poder imperial de Washington. Así mismo, realizó un llamado al cierre de la cárcel de Guantánamo.

Finalmente, Cindy Sheehan se trasladó días atrás al Capitolio para exigir el inmediato y efectivo juicio político a los máximos responsables de la masacre en Irak, además de advertir a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que competiría con ella de no progresar con el cumplimiento de sus demandas.

Esta activista no ha hecho otra cosa que intentar efectivizar el derecho de la tan mentada libertad que patrocina Estados Unidos. Al mismo tiempo, se suele mencionar que en tal o cual país de Latinoamérica existe censura y en determinados casos hay temas “de los que no se puede hablar”. Es hora de apuntar más hacia el norte, en donde quedó explícito: en la tierra de la libertad, ésta es una falacia, muy bien maquillada. Entonces, al igual que la activista, no hay que ahorrar esfuerzos en limpiar el maquillaje y dejar el verdadero rostro al descubierto de una vez.

Fuente: Agencia Periodisrica del Mercosur