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Foto: APMNo más excusas para Washington
La resistencia iraquí apuesta a una alianza política

Mientras Bush sigue jugando a la guerra y el senado rechaza un calendario de retiro de tropas, la resistencia del país árabe anunció un frente político de negociación.

Siete de los más importantes grupos insurgentes sunnitas que combaten la invasión de Estados Unidos en Irak acordaron formar una alianza política para negociar con Washington, luego de lo que consideran el inminente retiro de los 160 mil marines desplegados en el territorio árabe.

Así lo informó en la tarde del jueves el periódico inglés The Guardian, luego de entrevistar a los dirigentes de tres grupos de la resistencia iraquí -Brigadas de la Revolución 1920, Ansar al-Sunna e Iraquí Hamas- en la ciudad de Damasco, capital de Siria.

A pesar del cambio en su estrategia de negociación, los líderes insurgentes aclararon que “continuarán su resistencia armada hasta que todas las tropas extranjeras se hayan retirado de Irak”. Al mismo tiempo, respondiendo a las versiones sostenidas por Estados Unidos que califican de “terroristas” a las organizaciones de la resistencia iraquí, los dirigentes denunciaron las actividades de Al Qaeda que, según ellos, atacan blancos civiles y no a las tropas invasoras.

Sin embargo, lo novedoso en la postura de estos grupos insurgentes, es que pretenden dar un salto cualitativo en su organización, para conformar un frente político activo en el escenario iraquí. De esta forma, los dirigentes entrevistados por The Guardian solicitaron ayuda a los gobiernos árabes y del resto del mundo, así como a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que se los reconozca internacionalmente.

También indicaron que este frente ha acordado un programa que incluye los siguientes puntos: alcanzar un Irak libre de fuerzas extranjeras, el rechazo de la cooperación con partidos involucrados en instituciones políticas establecidas bajo la ocupación y una declaración que indica que las decisiones y acuerdos alcanzados por la ocupación y el Gobierno iraquí son nulos.

Mientras tanto, en el otro hemisferio, el Senado de Estados Unidos volvió a rechazar el calendario de retiro de tropas propuesto por el partido demócrata y basado en el crítico documento que el Grupo de Estudios sobre Irak (GEI), publicara meses atrás.

A pesar de las disidencias en el seno del propio partido republicano, los demócratas no lograron los 60 votos necesarios para forzar al presidente, George W. Bush, a iniciar la retirada de las tropas instaladas en el país árabes desde 2003.

De todas formas, más allá del debate legislativo, Bush afirmó en reiteradas ocasiones que vetará cualquier intento de establecer un calendario de retorno, a pesar de las constantes advertencias de sus propios organismos de inteligencia.

La nueva iniciativa de la insurgencia, que pretende aglutinarse políticamente, da por tierra con uno de los últimos argumentos de Washington para mantener la permanencia de las tropas invasoras, que sostiene que la insurgencia impide la conformación de un gobierno democrático en Irak. Luego de las declaraciones publicadas por The Guardian -que, curiosamente, pasaron inadvertidas en la mayoría de los grandes medios occidentales- queda demostrado que los grupos de la resistencia pretenden un país democrático, y se alistan para formar parte del juego político, pero no negociarán con la presencia de tropas invasoras en su territorio.

De la misma forma, las declaraciones explicitas en contra de Al Qaeda los ubica bastante lejos de la categoría de “terroristas” y, en todo caso, invitan a realizar un profundo análisis social de la situación en Irak –y su problema de castas-, así como de la coyuntura de Medio Oriente, para poder entender el lugar de la insurgencia en el país árabe.

Washington ha insistido en vincular a la resistencia con Al Qaeda, cuando en realidad es el propio país occidental quien más colabora con el grupo extremista talibán. Esto no sólo lo demuestran las numerosas investigaciones realizadas sobre el tema ("Bush & Ben Laden S.A", Victor Ego Ducrot), sino un informe de 16 diferentes agencias de espionaje estadounidenses que afirma que Al Qaeda ha ganado influencia y capacidad operativa gracias a la guerra de Irak.

El trabajo dado a conocer parcialmente por la prensa internacional, y coordinado por el director de Inteligencia de Estados Unidos, Mike McConnell, afirma que la consolidación del liderazgo de Al Qaeda en territorio de Pakistán, la modernización y mejora de sus sistemas de destrucción y, sobre todo, la multiplicación de su poder se debe a la experiencia y los contactos adquiridos en la guerra de Irak.

Si bien este informe será utilizado por Bush para seguir sosteniendo la invasión en el país árabe, queda claro que la propia guerra alentada por Estados Unidos es el caldo de cultivo para el reclutamiento de milicianos de Al Qaeda, así como la principal causa del enorme rechazo que genera el país occidental en los sectores más radicales de Medio Oriente.

Los sectores más duros de Washington se están quedando sin excusas para mantener la invasión en Irak. Cada vez más, se doblegan sus posturas y se ven obligados, por ejemplo, a abrir canales de diálogo como el que se generó con Irán, a propósito de la situación en los países de la región. Ahora, hasta los propios grupos insurgentes (radicales, violentos, “terroristas”, según Estados Unidos) comienzan a apostar, cautelosamente, por la vía diplomática y democrática.

Todo está dado para que la situación en Irak comience a normalizarse. Sólo resta vencer el cerco belicoso que encierra la cabeza de Bush y retirar, de una vez por todas, a los marines que ocupan el país. Sólo así se podrá comenzar a hablar en serio de la reconstrucción del devastado país árabe.

Fuente: Agencia Periodística del Mercosur